El mundo es lo que es gracias a los colores, de eso no hay duda. El mar no sería realmente el mar si no pudiésemos apreciar su azul brillante y las plantas y hojas perderían parte de su esencia si nos las viésemos con tonalidades verdes y esmeralda. Sin embargo, aunque parezca sorprendente, existen algunos
El mundo es lo que es gracias a los colores, de eso no hay duda. El mar no sería realmente el mar si no pudiésemos apreciar su azul brillante y las plantas y hojas perderían parte de su esencia si nos las viésemos con tonalidades verdes y esmeralda. Sin embargo, aunque parezca sorprendente, existen algunos “colores” que nuestros ojos, simplemente, no pueden ver. En otras palabras, existen formas de luz que se escapan a nuestra percepción. Dos ejemplos de ello son la luz infrarroja y la luz ultravioleta, los cuales, curiosamente, sí pueden ser apreciables por otros seres vivos.
Pero ¡no te preocupes! Eso no significa que haya algún tipo de fallo en tus ojos. Al final, la luz visible es simplemente una parte visible de un gran abanico de longitudes de onda. Y, entre todas ellas, ocurre que hay algunas que son demasiado cortas o demasiado largas para que puedan ser detectadas por el ojo humano. No obstante, ciertos animales, desde insectos hasta mamíferos, han desarrollado la capacidad de ver más allá de lo que nosotros podemos imaginar.
LA LUZ ULTRAVIOLETA: LAS MARIPOSAS Y LAS ABEJAS
Así, el ultravioleta es un tipo de luz con una longitud de onda más corta que la del color violeta, el último color que nuestros ojos son capaces de captar en el espectro visible. Es decir, para nosotros, la luz ultravioleta es invisible, pero eso no significa que no esté presente a nuestro alrededor. De hecho, sí interactuamos con ella: se trata de la misma radiación que causa quemaduras en la piel cuando pasamos demasiado tiempo bajo el Sol sin usar protección.
Pero, lo que para nosotros es un “color perdido”, para algunos insectos es una guía esencial en su día a día. Por ejemplo, las abejas tienen la habilidad de ver la luz ultravioleta, utilizándola como una herramienta para encontrar flores con precisión. La razón es que muchas plantas han desarrollado patrones en sus pétalos que son invisibles para los humanos, pero que brillan intensamente en el espectro ultravioleta. Estos patrones les sirven como señales de aterrizaje para las abejas, indicándoles dónde está el néctar.
Las mariposas, de igual forma, utilizan la luz ultravioleta para diferenciar entre flores que, a pesar de ser iguales, no lo son. Observando los patrones generados en las flores, son capaces de determinar qué planta es más rica en néctar y, por tanto, optimizar la eficiencia de la búsqueda de alimento. Para ellas, el mundo tiene una paleta de colores mucho más variada.
LA LUZ INFRARROJA, LAS SERPIENTES Y ALGUNOS MAMÍFEROS
Completamente contraria a la luz ultravioleta, se encuentra la infrarroja: justo en el otro extremo del espectro visible. Esta es una forma de luz con una longitud de onda más larga que la del color rojo, es decir, que va más allá del límite de luz visible y que, por tanto, no es detectable por nuestros ojos. Sin embargo, al igual que en el caso anterior, sí podemos llegar a sentir su presencia en forma de calor. Por ejemplo, cuando nos acercamos a una fogata, la sensación de calor que percibimos se debe al infrarrojo.
Pero esto no es algo extendido a todas las especies: algunas de ellas han evolucionado para ver el infrarrojo y usarlo a su favor. Las serpientes, en particular las pitones y las de cascabel, tienen unos sensores especiales que les permiten detectar el calor emitido por sus presas. Esto les da una ventaja increíble cuando cazan en la oscuridad, ya que pueden ver a los animales en la noche gracias a su calor corporal. Algo similar ocurre con ciertos mamíferos, como los vampiros de la familia de los murciélagos, quienes utilizan la visión infrarroja para encontrar los puntos más cálidos en la piel de sus presas antes de alimentarse.
LA VISIÓN HUMANA: LIMITACIONES Y AVANCES
Y sí, si bien el ojo humano no puede percibir el ultravioleta ni el infrarrojo, las limitaciones para detectarlos son cada vez menores. Con el paso de los años, se han ido desarrollando algunas herramientas que nos permiten “ver” más allá de nuestras capacidades naturales. Por ejemplo, las cámaras infrarrojas, como aquellas usadas en la visión nocturna o en telescopios espaciales, son capaces de captar imágenes térmicas y revelar aquello que parece invisible a nuestros ojos. Además, también existen filtros que permiten visualizar la luz ultravioleta, usados a menudo en astronomía y en investigaciones biológicas.
“Hoy en día tenemos instrumentos de sobra no solo para captar infrarrojo y ultravioleta”, nos explica Javier Mariño Villadamigo, Ph.D. Candidate en Machine Learning y Física de Partículas en la Universidad de Heildelberg. “Contamos con instrumentos como el telescopio de Fermi, que nos permite observar la luz que emite el cosmos en una longitud de onda tan pequeña como 0.01 nm, donde vemos rayos gamma superenergéticos. Por otro lado tenemos el telescopio Very Large Array, que ‘ve’ en una longitud de onda de hasta kilómetros, captando polvo interestelar y gas. Este amplio espectro (nunca mejor dicho) nos da información clave sobre el universo”.
Gracias a estos avances, hemos podido descubrir más sobre el mundo que nos rodea y sobre cómo otras criaturas perciben la realidad. Aunque tus ojos únicamente te muestren una parte del espectro, no olvides que el universo de “colores” es mucho más amplio de lo que imaginamos. Y, quien sabe, quizás en el futuro, podamos experimentar colores que hoy ni siquiera podemos imaginar.






