Carolina, la rata gigante, se jubila como una heroína tras salvar muchas vidas

Carolina, la rata gigante, se jubila como una heroína tras salvar muchas vidas

Hasta hace poco, Carolina trabajaba de lunes a viernes, con los fines de semana libres. Cuando se jubiló el pasado noviembre, sus colegas hicieron cola para aplaudirla y celebrarlo con una tarta. En sus siete años de carrera, había detectado más de 3000 casos de tuberculosis que los centros de salud habían pasado por alto

Hasta hace poco, Carolina trabajaba de lunes a viernes, con los fines de semana libres.

Cuando se jubiló el pasado noviembre, sus colegas hicieron cola para aplaudirla y celebrarlo con una tarta. En sus siete años de carrera, había detectado más de 3000 casos de tuberculosis que los centros de salud habían pasado por alto y, gracias a ello, probablemente había evitado la infección a más de 30 000 personas.

Pero no estamos hablando de una empleada cualquiera. Carolina es una rata gigante africana que puede analizar 100 muestras de esputo (flema) para detectar la tuberculosis en 20 minutos, mucho más rápido que un ser humano, que tarda cuatro días en procesar la misma cantidad de información con un microscopio. Y forma parte de una cohorte de 40 ratas pertenecientes a la organización sin ánimo de lucro APOPO que ayudan a combatir la epidemia de tuberculosis en Tanzania y Etiopía.

Las ratas africanas gigantes no son como el típico roedor de las ciudades de Europa y Estados Unidos. Son tranquilas, más fáciles de adiestrar que algunos perros y capaces de trabajar hasta siete u ocho años (viven de ocho a 10 años en cautividad). Sólo su cuerpo suele ser más largo que un MacBook Air de 13 pulgadas (unos 33 centímetros) y su cola es igual o más larga (una rata de Nueva York es de unos 40 centímetros de hocico a cola). El sentido del olfato de una rata gigante es tan fuerte que podría detectar media gota de cloro en un espacio del tamaño de 20 piscinas olímpicas, dice la jefa de adiestramiento de APOPO, Cindy Fast, neurocientífica del comportamiento que entrena a los roedores.

En total, el programa evitó casi 400 000 nuevos casos el año pasado sólo en Tanzania y Etiopía, afirma Agizew. “No sólo estamos salvando la vida de la gente, sino que también estamos cambiando estas perspectivas y aumentando la concienciación y el aprecio por algo tan humilde como una rata”, añade Fast: “Porque nuestras ratas son nuestros colegas, y realmente las vemos como héroes”.

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